Bookeando

con MªÁngeles

Esta semana leo #3-2018

22/1/18

Y enero avanza tan deprisa que a mí las semanas no me dan para nada. No sé si soy yo que cada vez me organizo peor o es que cuesta retomar el ritmo después de las fiestas, pero la semana pasada no logré cumplir mi objetivo y aún estoy inmersa en la lectura de Morir no es lo que más duele de Inés Plana; una historia que por ahora me está gustando bastante. 

Comenzaré la semana alternando mi actual lectura con La villa de las telas de Anne Jacobs y ya de cara al fin de semana llegará el turno de Las grietas de Jara de Claudia Piñeiro


Sorteos

1) Os recuerdo que en el blog hay activo un sorteo de un ejemplar de El viento en la cara de Saphia Azzeddine y que aún estáis a tiempo de participar. Bases


2) Eyra del blog Cosas mías está celebrando su tercer aniversario con un estupendo sorteo. Bases.


3) Inés de La huella de los libros también está de aniversario del blog. Dos añitos ya y tiene un sorteo que seguro os gustará. Bases


Y, vosotros, ¿qué leéis?

Yo seré la última - Nadia Murad

18/1/18

Yo seré la última
Autor: Nadia Murad
Editorial: Plaza & Janés
Páginas: 368
Precio: 18,90 euros

SINOPSIS


El 15 de agosto de 2014, la vida de Nadia Murad cambió para siempre. Las tropas del Estado Islámico irrumpieron en su pequeña aldea del norte de Irak, donde la minoría yazidí llevaba una vida tranquila, y cometieron una masacre. Ejecutaron a hombres y mujeres, entre ellos a su madre y seis de sus hermanos, y los amontonaron en fosas comunes. A Nadia, que tenía veintiún años, la secuestraron, junto a otras miles de jóvenes y niñas, y la vendieron como esclava sexual. Los soldados la torturaron y violaron repetidamente durante meses, hasta que una noche logró huir de milagro por las calles de Mosul. Así emprendió el largo y peligroso viaje hacia la libertad.

De pequeña, Nadia, una niña campesina, jamás hubiera imaginado que un día hablaría ante las Naciones Unidas ni que estaría nominada al Premio Nobel de la Paz. Nunca había pisado Bagdad, ni siquiera había visto un avión. Hoy la historia de Nadia insta al mundo a prestar atención al genocidio de su pueblo. Es un llamamiento a la acción para detener los crímenes del Estado Islámico, un poderoso testimonio de la fuerza de voluntad humana. Yo seré la última es, asimismo, una carta de amor a un país desaparecido, a una comunidad vulnerable y a una familia devastada por la guerra.

El valor y el testimonio de una joven pueden cambiar el mundo. Para que no se olvide, porque quiere ser la última que tenga que vivirla, Nadia cuenta su historia.

NADIA MURAD/AMAL CLOONEY

Imagen relacionada

Nominada al premio Nobel de la Paz por su labor como activista de los derechos humanos, nació en Kocho, Irak y ahora vive en Alemania. Distinguida con el premio Václav Havel de Derechos Humanos y el premio Sárajov a la Libertad de Conciencia, es la primera persona nombrada embajadora de Buena Voluntad de la ONU para la Dignidad de los Supervivientes de la Trata de Personas. Junto con Yazda, organización defensora de los derechos de los yazidíes, trabaja por llevar al Estado Islámico ante la Corte Penal Internacional por cargos de genocidio y crímenes contra la humanidad. Asímismo, es la fundadora de Nadia's Initiative, un programa dedicado a dar apoyo a los supervivientes del genocidio y del tráfico de personas y ayudarlos a reconstruir sus comunidades. 

Amal Clooney, que firma el prólogo del libro Yo seré la última, es abogada para Doughty Street Chambers en Londres y está especializada en Derecho Internacional y Derechos Humanos. También es profesora invitada en la Facultad de Derecho de Columbia. Actualmente, Clooney ejerce de asesora legal de Nadia Murad y otras mujeres yazidíes que fueron usadas por el Estado Islámico como botín de guerra y como esclavas sexuales en Irak y Siria, y trabaja para que el Estado Islámico rinda cuentas ante los tribunales nacionales e internacionales por los crímenes cometidos.

MIS IMPRESIONES


Hay historias que nos imantan sin posibilidad de resistencia y algo así me ocurre a mí con todo aquello que tiene que ver con el islamismo y la cultura árabe. Y no porque yo tenga raíces comunes ni nada similar sino porque a través de ellas trato de entender la situación en la que viven sumidas miles de mujeres en estos países y en la sinrazón que las obliga a vivir carentes de sus derechos más básicos. El caso de Nadia es el peor de todos cuantos he conocido. Y son unos cuantos ya. Una historia de horror que, sin embargo, considero necesaria conocer para evitar que vuelva a repetirse. Yo seré la última es la historia de su lucha y el título de su autobiografía. 

En 2014, el Estado Islámico (EI) atacó la aldea de Nadia en Irak, y su vida como estudiante de veintiún años quedó destrozada. Se vio obligada a contemplar cómo su madre y sus hermanos se encaminaban hacia la muerte. La propia Nadia pasó de mano en mano, como una mercancía, entre los combatientes del EI. La obligaron a rezar, la obligaron a vestirse y maquillarse como preparación para su violación, y una noche fue víctima de abusos sexuales por parte de un grupo de hombres hasta quedar inconsciente. Me enseñó las cicatrices de quemaduras de cigarrillos y golpes. Y me contó que, a lo largo de toda aquella terrible experiencia, los militantes del EI la llamaban "sucia infiel" y alardeaban de cómo sometían a las mujeres yazidíes y borraban su religión del mapa.

En agosto de 2014, tras instaurar su califato, el Estado Islámico (EI) asesinó a unos tres mil hombres en la ciudad de Sinyar, situada al noroeste de Irak, y cercó durante semanas una pequeña aldea circundante situada a tan solo quince kilómetros de esta: Kocho. Nadia, que contaba con veintiún años, vivía allí junto a los suyos, una humilde familia de yazidíes que se ganaban la vida con la agricultura y el pastoreo. Y, pese a todas las dificultades económicas, eran felices. En ese mes de agosto tuvo lugar uno de los más tremendos genocidios de la última década. Miles de familias fueron testigos de la matanza de los hombres, el rapto y posterior traslado de los niños para ser adoctrinados campamentos de Siria e incorporados como militantes a sus filas, así como la violación y venta de las jóvenes y niñas con apenas nueve años, que fueron pasando de mano en mano como esclavas sexuales hasta su muerte. 

Nadia Murad, a través de su propia autobiografía nos contará el infierno que vivió durante unos meses a manos del Estado Islámico y nos hablará de su pueblo, los yazidíes, una de la minorías religiosas asentadas en Irak, Siria y Turquía, y a la vez el pueblo más odiado por el EI, por considerarlos infieles, adoradores del diablo y no acceder a convertirse al islam. Asistiremos al cerco de Kocho, a la matanza de los varones en la familia de Nadia, al secuestro y traslado de sus sobrinos a Siria y a su periplo como sabiyya (esclava sexual) a manos de los militantes de EI. 

El testimonio de Nadia es realmente estremecedor, pero no se ceñirá al momento del genocidio sino que bucearemos en sus recuerdos para conocer cómo fue su niñez y la de sus padres, cómo era la convivencia entre chiíes, suníes, cristianos y yazidíes antes del derrocamiento de Sadam, cómo se originó el conflicto, cómo cambió todo a partir del año 2003 con la llegada de los estadounidenses a la zona y el germen del odio fue creciendo de manera exponencial a través de Al qaeda, ISIS, EI o Daesh; distintas denominaciones para referirse a un mismo grupo terrorista integrado por radicales islamistas, que interpretan a su antojo el Corán y aplican leyes medievales, arrasando con todos cuantos se cruzan en su camino y se niegan a convertirse a su religión 

La novela comienza con el prólogo de Amal Clooney, una conocida abogada, activista y escritora libanesa-británica, que además está especializada en Derecho Internacional, Derecho Penal, Derechos Humanos y Extradición. Será ella la que nos hable del día que Nadia apareció en su despacho por primera vez para pedirle ayuda. Sabemos de antemano que, afortunadamente, Nadia logró escapar del horror y lo ha podido contar, pero eso no evitará la desazón que nos va a ir provocando su historia. Desde entonces, no ha dejado de luchar por los derechos de su pueblo y ha sido nombrada embajadora de buena voluntad por la ONU. Ella se vaciará en esta autobiografía en la que conoceremos muy de cerca las inquietudes de las mujeres yazidíes, sus creencias, sus miedos, el horror del que fueron víctimas y también el papel de las mujeres defensoras del EI, mucho más radicales aún que sus militantes. 

Nos encontramos ante una historia cuyos principales escenarios van a ser la pequeña aldea de Kocho y las ciudades de Sinyar y Mosul. Narrada en primera persona, con una prosa sencilla en la que hay un predominio de la narración sobre el diálogo, esta novela comienza de forma serena y va ganando en tensión a medida que avanzamos en la lectura hasta provocarnos un pellizco interior del que no lograremos desprendernos hasta mucho después de cerrar el libro. La historia no es para menos. 

Yo seré la última es un relato realmente desgarrador, el de Nadia, pero también podría ser el de cualquiera de las muchas mujeres yazidíes que han sido y son víctimas del EI. Un texto valiente, sereno, pero cargado de dolor y sufrimiento que me ha removido por dentro y se ha quedado dando vueltas en mi cabeza. Ella es un ejemplo a seguir y su testimonio, pese a su dureza, debe trascender. No podemos seguir mirando hacia otro y mantenernos en nuestras cómodas vidas mientras miles de inocentes están padeciendo un auténtico suplicio a manos de unos desalmados. Su lucha y su tesón son un canto a la esperanza de un futuro mejor. 
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